martes, 13 de noviembre de 2012


Morpheo le ofrece a Neo la opción de elegir entre la pastillita azul y la pastillita roja. Cuando me hice taxista no me dieron opción ninguna, me arrancaron de Matrix para arrojarme al mundo real, así, sin vaselina ni nada…

General Castaños, 20:09 horas. Llevo desde las 4 de la mañana levantado y tengo unas ganas terribles de irme para casa. Pero estoy el siguiente en la lista de la emisora y decido esperar un rato, porque el día ha estado flojito.

Canta el altavoz:

-Diríjase al Hotel Bellmar.

-Recibido, base, me dirijo.

Bien, pienso, a ver si hay suerte y es una carrerita buena… Llego a la puerta del hotel y sale un pavo con la mirada vidriosa y caminar bamboleante. Vaya, pienso, creo que hoy toca “Recta del Amor”. Otra vez.

El tío se sube. Me mira fijamente –con un ojo, el otro mira hacia Cuenca- y me dice con voz aguardientosa: “Llévame al barrio San Juan. Quiero comprar coca, caballo, porros…” Me suelta un billete de 50 pavos y me lo deja en el cenicero.

Joooooder. ¿Es que todos los freaks me tocan a mí?

-Al barrio san Juan… ¿pero a dónde?

-¡¡Yo que sé, joder, a donde algún yonki!!

Cuando trabajaba de conserje tenía un manual con mis funciones detalladas: cambiar fluorescentes, arreglar los desperfectos... Tengo que pasarme por la Asociación de taxis de Bilbo y comprobar si entre mis quehaceres figura el de patrullar de noche por el Barrio San Juan en busca de yonkis para comprarles farlopa y jaco.

Bueno, al menos este habla castellano y no tendré que hacer de intérprete. Juá.

El tío empieza a cascar. Lleva un colocón de espanto, gesticula sin parar y me golpea el brazo derecho mientras conduzco por las intrincadas callejuelas. Me dice que trabaja en un barco, que es hombre rana, que su padre es armador, que su hermano montó un instituto de nosequé en Cáceres pero que murió por la droga. No deja de mirarme fijamente con su ojo sano.

Llegamos al barrio san Juan. Ni dios por la calle, evidentemente. El tío se caga en Cristo y en toda mi familia. De repente, aparece por una esquina un tipo con una visera y unas muletas. Se baja del coche y lo aborda. No puedo escuchar la conversación, pero le señala hacia la calle de abajo con la muleta.

El tío viene y me dice: “tienes los 50 euros, espérame aquí que me he quedado con tu número de licencia”.


Vale tío, para acojonarme no hace falta que me amenaces. Me fumo un cigarrito mientras le espero. Vuelve de mala hostia, cagándose en todo y gritando que somos todos unos hijos de la gran puta.

-Joder, tío ¿qué te ha pasado?

-Nada, que el hijoputa del bar me conoce del penal del Dueso y no me ha querido vender droga.

El tío es de Villagarcía de Arousa y vive en Conil. La primera vez que venía por aquí y le va a comprar droga a un excompañero del talego. El mundo es pequeñajo, como un kleenex…

Me tengo que aguantar la risa.

Me dice que le lleve a donde haya yonkis y delincuentes. Bien, pienso, creo que esta noche voy a tener otra historieta que contar… Enfilo dirección Ayuntamiento de Portugalete, pero qué coño, los funcionarios hace horas que dejaron de currar. O lo que sea que hagan en sus horarios laborales. Rectifico el rumbo y me dirijo a San Francisco, a Bilbo.

Por el camino me va contando cosas de su “particular” filosofía de vida.

-Estar en el talego es lo mejor, tío. Allí conoces de verdad a la gente.

Le miro al ojo bueno de manera escrutadora. Joder, lo está diciendo en serio.

-Llevas “Carolina Herrera”.

Agua. De colonia (juá). Es Dune, de Christian Dior.

-¿Sabes lo que más me gusta? Coger a una jamba recién duchadita, con perfume de Prada y braguitas de Calvin Klein…

Hostia, nos ha salido sibarita el andoba. Falsa alarma, no había acabado la frase.

-Espolvorearme medio gramo en la punta del nardo y que me la chupe. Y que diga: grrruuummmpppfffff… ¡¡que me atoro!! Y yo: “sigue chupando, hijaputa!!

Y me mira con su ojo sano. Y vuelve a golpearme el brazo derecho.

Llegamos a San Francisco. Me aparco en una esquina y le digo que allí le espero. Un buen rato después le veo pasar por la calle de al lado con una Heineken en la mano. Me mira, se da la vuelta y se va. Salgo del coche, le agarro y le digo:

-¿Dónde cojones vas?

El tío no me había visto. Joder, solo a él se le ocurre mirar en la dirección del ojo chungo…

-Vaya mierda, tío. ¿Sabes? A mí me gustan los Dockers, Tommy Hillfiger…

¿Ehhh? Ahhhhhhh… Ahora caigo. Ha establecido una metáfora con la calidad del material que acaba de comprar. Me ha costado… Joder, el tío maneja a la perfección los recursos estilísticos. Se nota que es de letras…

Lo traigo de vuelta al hotel. El tío me agradece sinceramente todo lo que he hecho por él y me pide el teléfono. No se lo doy, por supuesto. Me pregunta si le sobra algo de los 50 pavos, le mando a tomar por culo y lo arrojo por la ventanilla. Lo sé, soy muy incívico; me estoy haciendo un experto en arrojar deshechos por ella. Saca su teléfono del bolsillo, me mira con su ojo bueno y me dice: “voy a llamar a una jamba, que me apetece empujar un rato”.

Y se aleja con pasos tambaleantes mientras su áspera risa resuena en los baldosines de la callejuela…

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