lunes, 19 de noviembre de 2012
martes, 13 de noviembre de 2012
Morpheo le ofrece a Neo
la opción de elegir entre la pastillita azul y la pastillita roja.
Cuando me hice taxista no me dieron opción ninguna, me arrancaron de
Matrix para arrojarme al mundo real, así, sin vaselina ni nada…
General Castaños,
20:09 horas. Llevo desde las 4 de la mañana levantado y tengo unas
ganas terribles de irme para casa. Pero estoy el siguiente en la
lista de la emisora y decido esperar un rato, porque el día ha
estado flojito.
Canta el altavoz:
-Diríjase al
Hotel Bellmar.
-Recibido, base, me
dirijo.
Bien, pienso, a ver si
hay suerte y es una carrerita buena… Llego a la puerta del hotel
y sale un pavo con la mirada vidriosa y caminar bamboleante. Vaya,
pienso, creo que hoy toca “Recta del Amor”. Otra vez.
El tío se sube. Me
mira fijamente –con un ojo, el otro mira hacia Cuenca- y me dice
con voz aguardientosa: “Llévame al barrio San Juan. Quiero comprar
coca, caballo, porros…” Me suelta un billete de 50 pavos y me lo
deja en el cenicero.
Joooooder. ¿Es que
todos los freaks me tocan a mí?
-Al barrio san Juan…
¿pero a dónde?
-¡¡Yo que sé,
joder, a donde algún yonki!!
Cuando trabajaba de
conserje tenía un manual con mis funciones detalladas: cambiar
fluorescentes, arreglar los desperfectos... Tengo que pasarme por la
Asociación de taxis de Bilbo y comprobar si entre mis quehaceres
figura el de patrullar de noche por el Barrio San Juan en busca de
yonkis para comprarles farlopa y jaco.
Bueno, al menos este
habla castellano y no tendré que hacer de intérprete. Juá.
El tío empieza a
cascar. Lleva un colocón de espanto, gesticula sin parar y me golpea
el brazo derecho mientras conduzco por las intrincadas callejuelas.
Me dice que trabaja en un barco, que es hombre rana, que su padre es
armador, que su hermano montó un instituto de nosequé en Cáceres
pero que murió por la droga. No deja de mirarme fijamente con su ojo
sano.
Llegamos al barrio san
Juan. Ni dios por la calle, evidentemente. El tío se caga en Cristo
y en toda mi familia. De repente, aparece por una esquina un tipo con
una visera y unas muletas. Se baja del coche y lo aborda. No puedo
escuchar la conversación, pero le señala hacia la calle de abajo
con la muleta.
El tío viene y me
dice: “tienes los 50 euros, espérame aquí que me he quedado con
tu número de licencia”.
Vale tío, para
acojonarme no hace falta que me amenaces. Me fumo un cigarrito
mientras le espero. Vuelve de mala hostia, cagándose en todo y
gritando que somos todos unos hijos de la gran puta.
-Joder, tío ¿qué te
ha pasado?
-Nada, que el hijoputa
del bar me conoce del penal del Dueso y no me ha querido vender
droga.
El tío es de
Villagarcía de Arousa y vive en Conil. La primera vez que venía por
aquí y le va a comprar droga a un excompañero del talego. El mundo
es pequeñajo, como un kleenex…
Me tengo que aguantar
la risa.
Me dice que le lleve a
donde haya yonkis y delincuentes. Bien, pienso, creo que esta noche
voy a tener otra historieta que contar… Enfilo dirección
Ayuntamiento de Portugalete, pero qué coño, los funcionarios hace
horas que dejaron de currar. O lo que sea que hagan en sus horarios
laborales. Rectifico el rumbo y me dirijo a San Francisco, a Bilbo.
Por el camino me va
contando cosas de su “particular” filosofía de vida.
-Estar en el talego es
lo mejor, tío. Allí conoces de verdad a la gente.
Le miro al ojo bueno de
manera escrutadora. Joder, lo está diciendo en serio.
-Llevas “Carolina
Herrera”.
Agua. De colonia
(juá). Es Dune, de Christian Dior.
-¿Sabes lo que más
me gusta? Coger a una jamba recién duchadita, con perfume de Prada y
braguitas de Calvin Klein…
Hostia, nos ha salido
sibarita el andoba. Falsa alarma, no había acabado la frase.
-Espolvorearme medio
gramo en la punta del nardo y que me la chupe. Y que diga:
grrruuummmpppfffff… ¡¡que me atoro!! Y yo: “sigue chupando,
hijaputa!!
Y me mira con su ojo
sano. Y vuelve a golpearme el brazo derecho.
Llegamos a San
Francisco. Me aparco en una esquina y le digo que allí le espero. Un
buen rato después le veo pasar por la calle de al lado con una
Heineken en la mano. Me mira, se da la vuelta y se va. Salgo del
coche, le agarro y le digo:
-¿Dónde cojones vas?
El tío no me había
visto. Joder, solo a él se le ocurre mirar en la dirección del ojo
chungo…
-Vaya mierda, tío.
¿Sabes? A mí me gustan los Dockers, Tommy Hillfiger…
¿Ehhh? Ahhhhhhh…
Ahora caigo. Ha establecido una metáfora con la calidad del material
que acaba de comprar. Me ha costado… Joder, el tío maneja a la
perfección los recursos estilísticos. Se nota que es de letras…
Lo traigo de vuelta al
hotel. El tío me agradece sinceramente todo lo que he hecho por él
y me pide el teléfono. No se lo doy, por supuesto. Me pregunta si le
sobra algo de los 50 pavos, le mando a tomar por culo y lo arrojo por
la ventanilla. Lo sé, soy muy incívico; me estoy haciendo un
experto en arrojar deshechos por ella. Saca su teléfono del
bolsillo, me mira con su ojo bueno y me dice: “voy a llamar a una
jamba, que me apetece empujar un rato”.
Y se aleja con pasos
tambaleantes mientras su áspera risa resuena en los baldosines de la
callejuela…
jueves, 1 de noviembre de 2012
Recogemos gentes... pero también imágenes, sensaciones, olores, experiencias. Algunas nos acompañarán durante el resto de nuestras vidas.
Cruces, 5:09 de la
mañana. Acabo de dejar a una parejita en el Grupo de la Paz e
intento salir del laberinto que forma ese barrio. Sin GPS ni nada, a
lo machote. Una sombra se abalanza sobre mi coche y me hace señas.
Paro. Se sube. Un tío más joven que
yo, con una borrachera considerable.
-English?
Joder, que son las 5 de
la mañana. A esas horas, y después de un montón de horas sin
levantar el culo del asiento, el médico me tiene prohibido el rollo
de los idiomas...
El tío me dice que le
lleve a un lupanar (sexy club). Miro la hora: ya son las 5:11. Le
digo que es tarde, que están a punto de cerrar. Os preguntaréis que
cómo sé yo a qué hora abren y cierran este tipo de
establecimientos, pero, ay amigos/as, no puedo revelar mis fuentes.
Insiste en que le
lleve. Joder, qué pesado. Le digo que sí, aunque sé que hoy no va
a ser su gran día...
Me pregunta cuanto
cuesta el viaje, y le digo que unos 10 €. El tío (que es rumano)
me dice que es mucha pasta. Le miro y me descojono de la risa. ¿Ya
sabrá este tío lo que cobran en el Castillo por un rato?
Llegamos al
establecimiento en cuestión. Hay cuatro tíos junto a los seguratas
de la puerta. Comienzan a darse de hostias, a lo Pressing Catch.
Varios puñetazos después, uno cae redondo al suelo y considero que
ya es medianamente seguro salir del coche. El tío me dice que le
pregunte, por favor, a qué hora cierran y todo eso.
Jooooooooooooder...
Me acerco donde Maguila
I y se lo pregunto. El tío, con un ojo puesto en los del Pressing
Catch me contesta que en 15 minutos cierran. Traduzco.
El rumano me dice que
le pregunte por las tarifas. La madre que me parió... Le pregunto a
Maguila I y éste mira a Maguila II.
-Eso tienes que
hablarlo con el encargado.
Mecagüen Rumanía
entera ya...
Miro hacia un lado y se
abre una pequeña puerta a mi izquierda. Sale un tío encorbatado, y
me mira. Es como Julián Muñoz, pero a lo pantalones de talle bajo.
Le explico que el cliente no tiene ni pajolera idea de castellano y
me dice que llevarse a una chica vale 270 € la primera hora y 150 €
las demás. Que van a cerrar en breve y que si quiere estar con una
chica tiene que llevarla fuera. Y que "tal y como están las
cosas" es difícil, que necesitaría un DNI, un teléfono...
Mientras intento
traducir al rumano (je je je) tamaño caudal de información sale una
rubia -con muy poca ropa para la época del año en la que estamos-
de la puerta de servicio y grita:
-Si vuelve a tocarme
ese lo matoooooooooo.
Miro a "ese"
y es uno de los del Pressing Catch. Lo que me llama la atención es
que su amigo está dentro de mi coche, sentado en el asiento del
copiloto tan campante, con el cinturón puesto. El surrealismo de la
situación empieza a hacerme mucha gracia.
-Sorry. Just a minute.
Abro la puerta de mi
coche y le pregunto amablemente al señor:
-¡¡¿¿Pero qué
cojones haces dentro de mi puto coche??!!
El tío sale y
amablemente me pide perdón. Me dice que habían pedido un taxi y que
pensaban que era ese.
Vale.
Pues no.
El primero, que había
permanecido al lado, me dice que si no me ha enviado un tal Jesús.
Le digo que no, que he venido con un cliente -le señalo al rumano
con el dedo- y que no conozco al tal Jesús. Me dice que le parece
muy extraño, porque le habían dicho que venía el número tal (mi
número de licencia, precisamente).
Qué casualidad,
pienso. Este tío es muy gilipollas. Mucho.
Vuelvo a decirle que
no. El rumano me mira con la cara desencajada. Aún no ha sido capaz
de asumir lo de los 270 €. Creo que baraja seriamente la
posibilidad de pedirme que le lleve hasta Rumanía...
Intento subirme a mi
coche y el tipo vuelve a preguntarme:
-¿Pero a ti no te
envía Jesús?
-No.
-¿Pero seguro que a ti
no te ha mandado Jesús?
-Seguro.
-Es que me ha dicho que
venía el número tal. ¿Seguro que no te ha llamado Jesús?
Diossssssss, he caído
en un bucle del espacio-tiempo, mi coche es un Delorean y mañana la
marmota nos dirá si la primavera llega ya o si el invierno se
alarga...
Arranco y me largo, con
el rumano aún en estado de shock.
Pero esto no ha
acabado. Mientras pienso qué hacer con el rumano me suena el
teléfono.
Es un cliente al que
llevo todas las noches a su casa porque se dio una hostia con su BMW
rojo y le han quitado el carné durante año y medio. Dos metros de
tío, 140 kilos en canal, y pretende hacerme creer que dio 0,90 en el
control de alcoholemia con dos txupitos. Juá...
Le digo que en 10 ó 15
minutos le recojo.
Vuelve a sonar el
teléfono.
-Soy la Patri, estoy en
la Mao-Mao Beach y quiero que me vengas a buscar.
Le explico que no puedo
(quién coño será esta tía y por qué tiene mi teléfono) porque
tengo un viaje largo. La tía se enfada
conmigo y me llama de todo. Me dice que yo me lo pierdo, que me ha
llamado 1500 veces, que soy un cabrón por no ir a buscarla... Por un
momento me planteo ir a buscarla... para partirle la cara, por
subnormal. Pero no, mi lado cabal gana la partida. Y la pereza que me
da ir hasta Bilbo a estas horas.
El rumano me mira. Me
pregunta si se le ha acabado el saldo a la de la llamada. Juá. Al
menos ha salido del estado de shock...
Llamo a un compañero
taxista de Portu. Cuando tengo una duda de inglés llamo a un amigo
filólogo. Cuando mi duda es sobre si esas lajas de la cala de
Armintza son del pleistoceno, pues llamo a otro amigo, éste geólogo.
Si mis dudas son sobre la biografía de Bill Gates, pues llamo a mis
colegas informáticos.
Para saber qué
puticlubs hay abiertos a las 5:30h de la mañana llamo a algún
taxista. Nosotros sabemos de estas cosas.
Me dice que a las 5:30h cierran todos, pero que luego abren el Edén en Bilbo a las 6:00h.
Miro al rumano, recuerdo que no tiene ni zorra idea de castellano, le
cuento que no hay nada abierto, y lo arrojo por la ventana.
Giro delicadamente mi
coche y pongo rumbo a lo desconocido, a una nueva y estimulante
aventura. A recoger al cliente de la llamada anterior. Como cada
noche que le he llevado a su casa durante los últimos 9 meses, hoy
también me pregunta si tengo hijos...
He caído en un bucle
del espacio-tiempo, mi coche es un Delorean y mañana la marmota nos
dirá si este año la primavera llega puntual o si el invierno se va
a alargar...
¡Saludos a todos y a todas!
Este blog nace con la intención de daros a conocer noticias e historias relacionadas con el mundo del taxi, especialmente en lo referente al municipio de Portugalete. Periódicamente iremos publicando cosillas que esperamos que os resulten interesantes. Contamos con vuestra colaboración.
Así mismo, os dejo nuestra dirección de Facebook:
https://www.facebook.com/pages/Taxi-Portugalete/295695727202009
Un saludo de la Asociación de taxistas de Portugalete.
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